
En Europa, cada habitante arroja
cada año a la basura 179 kilos de productos alimenticios en perfecto estado de consumo, tal y como informa la Comisión europea. Así, casi el 50% de productos sanos y comestibles se pierden en las distintas fases del proceso que lleva desde la producción a la mesa (y cubo de la basura) del consumidor. El Parlamento Europeo discutió la pasada semana sobre el fenómeno y sugirió diversas medidas para combatir el desperdicio, entre ellas que las etiquetas tengan una doble fecha: la del límite de venta y la del límite de consumo del producto en cuestión. El debate duró apenas 20 minutos de intervenciones (ninguna española) en una Eurocámara casi vacía.
La norma definitiva sobre la forma de actuar la establecerá la Comisión, con una potencial nueva directiva, y las autoridades responsables en los países para introducir racionalidad en el consumo.
El informe de la situación actual fue elaborado por el socialista italiano Salvatore Caronna y aprobado posteriormente en una votación a mano alzada. El documento indica que "el 18% de los europeos no comprende la frase consúmase preferentemente antes de...". El propio informe precisa que ese consúmase preferentemente... hace referencia a la calidad, mientras indicaciones del tipo fecha de caducidad se refieren a la inocuidad, a la seguridad alimentaria. Por estas y otras razones, se solicita a la Comisión que fomente medidas para reducir el desperdicio, como el etiquetado con doble fecha y las ventas con descuento de alimentos próximos a la fecha de caducidad o dañados.
Según datos de la Comisión, los 179 kilos per cápita que hoy derrochan los europeos -medio kilo al día y con grandes variaciones por países y sectores; un 40% más en 2020 si no se toman medidas- se pierden en todos los eslabones de la cadena agroalimentaria, aunque la mayor parte corresponde a los hogares, con el 42% de pérdidas (aparentemente evitables en un 60%). De cerca le siguen los productores, con el 39%; el sector de comidas preparadas, con el 14%, y ya lejos, con un 5%, los comerciantes.
Las causas del desperdicio son diversas: exceso de producción, mal acondicionamiento del producto (tamaño o forma mal concebidos), deterioro del género o del envase, normas de comercialización (problemas de aspecto o envase defectuoso) y mala gestión de existencias o estrategias comerciales inadecuadas.
En las bolsas de pobreza de Europa viven 79 millones de personas; ese 15% de europeos con unos ingresos inferiores al 60% de la renta media de su país de residencia, y entre ellos hay 16 millones que reciben ayuda de organismos de beneficencia, según señala el estudio. Ante ese panorama, "es indignante que casi 90 millones de toneladas de alimentos en perfecto estado para el consumo acaben en la basura", afirmó una eurodiputada. De ahí la petición de que se distribuyan de forma generalizada entre las personas más desfavorecidas de la Unión productos que van precipitadamente a la basura, como ya hacen algunos países.
El documento también llama la atención sobre el hecho de que en algunos países se prohíbe la venta de alimentos por debajo del precio de coste, lo que priva a los comerciantes de la oportunidad de ofrecer a menor precio al final del día alimentos frescos no vendidos, con el consiguiente desperdicio de la cadena alimentaria.
El informe insta a la Comisión a analizar con profundidad las múltiples facetas del fenómeno y tomar medidas, petición que también se hace a los Estados. Antonio Tajani, vicepresidente del Ejecutivo comunitario, prometió que la Comisión presentará varios proyectos legislativos.