Biohidrógeno y biomasa residual: vector estratégico para la transición energética en América Latina
La transición energética global avanza hacia la electrificación masiva, la expansión de renovables y el despliegue de hidrógeno de bajas emisiones como vector para descarbonizar sectores difíciles de abatir (hard-to-abate). En este marco, el hidrógeno verde —producido por electrólisis con energía renovable— ha concentrado la mayor atención política e inversora.
No obstante, en regiones con alta disponibilidad de biomasa residual, el biohidrógeno emerge como una alternativa técnica y económicamente relevante, especialmente en América Latina.
Hidrógeno verde y limitaciones estructurales
El hidrógeno verde permite:
- Descarbonizar procesos industriales intensivos (acero, fertilizantes, refino).
- Sustituir combustibles fósiles en transporte pesado, marítimo y aéreo.
- Servir como base para combustibles sintéticos (e-metanol, amoníaco verde, SAF).
Sin embargo, su competitividad depende de:
- Alta disponibilidad de recursos solares o eólicos.
- Despliegue previo de infraestructura renovable a gran escala.
- Capacidad logística para transporte y exportación hacia centros de demanda.
Este modelo favorece regiones con recursos renovables excepcionales (p. ej., Chile, norte de África, Medio Oriente), pero exige inversiones significativas y tiempos de maduración prolongados.
Biohidrógeno: integración energética y gestión de residuos
En países tropicales y subtropicales con fuerte base agrícola, los residuos agroindustriales constituyen un recurso energético estratégico. Mediante procesos consolidados (gasificación, reformado, digestión anaerobia avanzada y rutas termoquímicas), estos residuos pueden transformarse en:
- Hidrógeno de bajas emisiones (biohidrógeno).
- Amoníaco y metanol renovables.
- Combustibles sostenibles de aviación (biojet).
- Biogás avanzado.
Desde una perspectiva de gestión de residuos y economía circular, el biohidrógeno aporta ventajas estructurales:
- Valorización de subproductos agrícolas y forestales.
- Reducción de emisiones asociadas a la descomposición no controlada.
- Potencial balance neto negativo de carbono cuando se integra captura biogénica.
- Diversificación de ingresos rurales y agroindustriales.
A diferencia del hidrógeno verde, su producción se apoya en tecnologías maduras y ya operativas en múltiples contextos industriales.
América Latina como nodo estratégico
Países como Colombia, Brasil, India y Malasia —con alta disponibilidad de biomasa— podrían estructurar modelos híbridos de producción de hidrógeno combinando:
- Fracción renovable (solar/eólica).
- Fracción biomásica (residuos agroindustriales).
Como referencia conceptual, Colombia podría proyectar una matriz con predominancia de biohidrógeno complementado por hidrógeno verde, contribuyendo de manera relevante al mercado global proyectado a 2050 y posicionándose como proveedor estratégico.
Este enfoque permite:
- Reducir dependencia exclusiva de infraestructura eléctrica renovable.
- Acelerar despliegue mediante activos agroindustriales existentes.
- Reconvertir economías extractivas hacia cadenas de valor energéticas bajas en carbono.
Marco internacional y COP30
En la COP30, celebrada en Brasil, el hidrógeno de bajas emisiones ocupó un lugar central dentro de la agenda de transición energética. La iniciativa Belém 4X, respaldada por 23 países, plantea cuadruplicar la producción y uso de combustibles sostenibles hacia 2035, incluyendo:
- Biocombustibles avanzados.
- Biogás.
- Combustibles sintéticos.
- Hidrógeno de bajas emisiones.
Si bien el debate internacional priorizó el hidrógeno verde, el reconocimiento de esquemas biomass-to-X abre un espacio normativo y estratégico para el biohidrógeno dentro de las rutas oficiales de descarbonización.
Implicaciones sistémicas
La incorporación explícita del biohidrógeno en hojas de ruta energéticas tendría impactos estructurales:
- Transición justa: permite que economías agrícolas y productoras de petróleo diversifiquen su matriz sin sacrificar crecimiento.
- Responsabilidad diferenciada: facilita esquemas de cooperación Norte–Sur en los que los grandes emisores acompañen el desarrollo de capacidades productivas bajas en carbono.
- Economía circular rural: convierte residuos en insumo energético estratégico.
- Industrialización local: impulsa cadenas de valor asociadas a bioprocesamiento, almacenamiento y exportación.
Conclusión técnica
El biohidrógeno no sustituye al hidrógeno verde, pero lo complementa estratégicamente en regiones con abundante biomasa residual. Para América Latina, representa:
- Un vector energético competitivo.
- Una herramienta de valorización de residuos agroindustriales.
- Un mecanismo de alineación entre transición energética, desarrollo rural y economía circular.
- Su integración temprana en planes nacionales y marcos internacionales podría acelerar la descarbonización global al tiempo que promueve equidad territorial y resiliencia económica.





