Economía circular en territorios rurales: cuando el reto no es el recurso, sino su conversión en valor
En amplias zonas rurales del Sur Global, la paradoja estructural no es la escasez de recursos, sino su infrautilización económica. Residuos agrícolas sin aprovechar, empleo informal de baja productividad y ecosistemas de alto valor ecológico sostienen economías locales que, sin embargo, no logran traducirse en ingresos suficientes para las comunidades que los gestionan.
En este contexto, diversos proyectos impulsados por CODESPA, con financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), están desarrollando modelos integrados de economía circular, bioeconomía y emprendimiento rural.
Una brecha estructural entre recursos y valor económico
Las dinámicas observadas en Perú, Marruecos y Ecuador reflejan un patrón común en muchas economías rurales:
- Alta disponibilidad de recursos naturales y biomasa.
- Débil capacidad de transformación local.
- Limitado acceso a financiación y mercados formales.
- Elevada informalidad laboral, especialmente en mujeres y jóvenes.
- Dependencia de actividades primarias de bajo valor añadido.
Según la FAO, alrededor del 30% de los alimentos producidos a nivel mundial se pierde o desperdicia, especialmente en fases tempranas de la cadena agroalimentaria como cosecha, almacenamiento o logística.
Este fenómeno convierte los residuos en un doble vector de pérdida: ambiental, por su gestión inadecuada, y económica, por la ausencia de mecanismos de valorización.
Perú: residuos agrícolas como base de nuevas cadenas de valor
En Perú, el desafío no se limita a la producción agrícola, sino a la gestión de los subproductos generados tras la cosecha de cultivos como cacao, café, plátano o piña.
Estos residuos, tradicionalmente considerados un problema de eliminación, representan una biomasa con potencial de transformación industrial y alimentaria.
Sin embargo, su aprovechamiento ha estado limitado por:
- Falta de infraestructuras de transformación.
- Escaso acceso a conocimiento técnico.
- Limitaciones energéticas en zonas rurales.
- Ausencia de capital inicial para emprendimientos.
El enfoque desarrollado combina formación, tecnología y financiación para activar cadenas de valor locales.
Más de 3.500 personas han participado en procesos de sensibilización en economía circular, y más de 900 emprendedores (con una participación destacada de mujeres y jóvenes) han sido acompañados en la estructuración de iniciativas productivas.
Entre los casos más relevantes destacan la transformación de subproductos del cacao en harina alimentaria y el aprovechamiento del pseudotallo del plátano para biotextiles, biojoyería y artesanía, integrando innovación tecnológica adaptada al contexto rural mediante soluciones de bajo coste y energía solar.
Marruecos: de la economía informal a la economía circular estructurada
En la región de Tánger-Tetuán-Alhucemas, la economía rural se caracteriza por una elevada informalidad, donde actividades como el reciclaje, la costura o el comercio ambulante constituyen la principal fuente de ingresos.
El principal reto no es la falta de actividad económica, sino la ausencia de estructuras que permitan su consolidación y escalabilidad.
El programa Inno’VERT ha trabajado en este contexto desde una doble perspectiva:
- Transformación de residuos en productos de valor añadido.
- Formalización progresiva de iniciativas económicas.
Hasta la fecha, más de 3.000 personas han sido formadas en economía verde y circular, y 180 iniciativas han recibido acompañamiento para estructurar sus modelos de negocio, con apoyo específico a procesos de formalización.
Un ejemplo es la valorización del aceite usado de cocina, transformado en jabón ecológico y detergentes biodegradables, reduciendo impactos ambientales y generando nuevas oportunidades de mercado.
Asimismo, la articulación de alianzas con empresas industriales ha permitido integrar flujos de residuos textiles y materiales reciclables en cadenas de reutilización locales, reforzando la estabilidad económica de los emprendimientos.
Ecuador: biodiversidad como infraestructura económica sostenible
En Ecuador, el desafío se centra en compatibilizar desarrollo económico y conservación ambiental en territorios de alta biodiversidad, especialmente en la Amazonía y los Andes.
El enfoque de bioeconomía rural se basa en la valorización de recursos naturales sin comprometer su regeneración, mediante tres líneas de actuación:
- Bioemprendimientos basados en biodiversidad local.
- Turismo comunitario sostenible.
- Mecanismos de compensación por servicios ecosistémicos.
Este modelo permite generar ingresos vinculados a la conservación, integrando actividad económica y protección ambiental.
Más de 4.200 personas han participado en iniciativas de bioemprendimiento, contribuyendo a la conservación de más de 95.000 hectáreas y al fortalecimiento de 98 iniciativas productivas.
Entre los ejemplos destacan la producción de artesanías con fibra de chambira en la Amazonía, el desarrollo de cosmética natural a partir de especies locales y la creación de proyectos de turismo comunitario vinculados al conocimiento ancestral y la gestión del territorio.
Economía circular como infraestructura de desarrollo rural
Las tres experiencias muestran que la economía circular en contextos rurales no es únicamente una estrategia ambiental, sino una infraestructura de desarrollo económico y social.
Su implementación permite:
- Reducir pérdidas de recursos en origen.
- Generar empleo local más estable y diversificado.
- Formalizar economías informales.
- Incrementar el valor añadido de la producción primaria.
- Integrar conservación ambiental y desarrollo económico.
De la disponibilidad de recursos a la capacidad de transformarlos
El elemento común en estos tres territorios no es la escasez de recursos, sino la existencia de una brecha estructural entre recursos disponibles y capacidad de transformación económica.
Superar esta brecha requiere la combinación de:
- Conocimiento técnico y formación.
- Acceso a financiación adaptada.
- Innovación tecnológica contextualizada.
- Articulación de mercados locales y externos.
- Gobernanza territorial inclusiva.
Las experiencias analizadas demuestran que, cuando estos elementos se alinean, los residuos dejan de ser un problema para convertirse en activos productivos, y la biodiversidad deja de ser un recurso pasivo para convertirse en una fuente activa de ingresos sostenibles.
En última instancia, la economía circular en el ámbito rural no solo redefine cómo se gestionan los recursos, sino cómo se estructura el desarrollo en territorios históricamente marginados de las cadenas de valor globales.






