Floraciones de Sargassum en el Atlántico: de impacto costero a recurso para captura de carbono y biocombustibles
Un estudio liderado por la investigadora Annalisa Bracco (CMCC), con participación internacional y publicado en Nature Communications, sugiere que el sistema de floraciones masivas de Sargassum en el Atlántico no solo se mantendrá en el tiempo, sino que ha evolucionado hacia un ecosistema estable, predecible y potencialmente gestionable.
Esta conclusión reconfigura el enfoque sobre un fenómeno que, hasta ahora, se ha considerado principalmente un problema ambiental y socioeconómico en regiones del Caribe, el Golfo de México y África Occidental.
Un sistema en expansión persistente con impacto transatlántico
Desde su aparición en 2011, el denominado Gran Cinturón Atlántico de Sargazos se ha consolidado como una estructura oceánica de escala transcontinental, con más de 8.000 kilómetros de extensión.
- Biomasa estimada (2025): >37 millones de toneladas
- Impacto económico: afectación recurrente a pesca, turismo y gestión costera
- Costes de limpieza: cientos de millones de dólares anuales
- Efecto ambiental secundario: emisión de gases durante la descomposición en costa
Lo que inicialmente se interpretó como una anomalía inducida por forzamientos físicos ha evolucionado hacia un sistema biogeoquímico autosostenido.
De forzamiento físico a retroalimentación ecológica
El trabajo identifica un cambio estructural en los mecanismos de crecimiento del Sargassum:
- Fase inicial (2011–2015): dominada por procesos físicos (vientos invernales y mezcla oceánica que aportaban nutrientes a superficie)
- Fase actual: dominada por retroalimentación biológica interna
El sistema ha desarrollado:
- Reciclaje interno de nutrientes (especialmente nitrógeno)
- Comunidades asociadas que sostienen productividad local
- Liberación de nutrientes por descomposición dentro de las propias masas flotantes
Este mecanismo convierte el cinturón en un sistema prácticamente autosuficiente, reduciendo su dependencia de condiciones atmosféricas externas y explicando su persistencia.
Capacidad predictiva y modelización del sistema
A partir de observaciones satelitales y datos oceanográficos, el equipo reconstruyó la dinámica del sistema entre 2011 y 2022, logrando:
- Predicción validada de concentraciones para 2023 y 2024
- Identificación de patrones estacionales y estructurales estables
- Mejora significativa de la previsibilidad interanual del fenómeno
Esta capacidad de predicción es clave para transitar de la gestión reactiva a estrategias de planificación a largo plazo.
Potencial como recurso en captura de carbono y biocombustibles
El estudio introduce un cambio de paradigma: el Sargassum como posible recurso climático.
Su relevancia radica en tres aspectos:
- Alta capacidad de fijación de CO₂ mediante fotosíntesis
- Gran disponibilidad de biomasa oceánica renovable
- Posibilidad de intervención antes de la descomposición costera, evitando la reemisión de carbono
Se plantean escenarios de aprovechamiento que incluyen:
- Captura y almacenamiento de carbono en entorno marino
- Conversión en biocombustibles avanzados
- Producción de materiales bio-basados a partir de biomasa algal
Desafío ambiental persistente y oportunidad tecnológica
Aunque el sistema representa un recurso potencial, su impacto actual sigue siendo significativo:
- Bloqueo de ecosistemas costeros
- Alteración de actividades pesqueras
- Impacto negativo en turismo
- Emisión de gases durante descomposición
La clave del enfoque propuesto no es la eliminación del fenómeno, sino su gestión activa basada en predicción y valorización de biomasa.
Implicaciones para política climática y gestión oceánica
Los autores subrayan que la transformación del Sargassum en recurso climático requiere:
- Estrategias de intervención temprana en alta mar
- Infraestructura de recogida y procesamiento oceánico
- Marcos regulatorios para valorización de biomasa marina
- Integración en políticas de captura de carbono azul
Conclusión
El Gran Cinturón Atlántico de Sargazos representa un ejemplo de reorganización rápida de sistemas oceánicos bajo nuevas condiciones ambientales. Su persistencia y previsibilidad lo convierten simultáneamente en un desafío estructural para regiones costeras y en una posible infraestructura natural de captura de carbono a escala global.
El reto ya no es solo mitigar sus impactos, sino determinar si puede integrarse de forma segura en estrategias de descarbonización marina.






