La expansión de la inteligencia artificial podría generar hasta 617 millones de toneladas de residuos electrónicos hasta 2050
Una estimación que amplía el alcance de los análisis anteriores
Basel Action Network (BAN) ha publicado la primera parte de su serie The Coming AI Waste Wave, dedicada a analizar el volumen de residuos electrónicos que podría generar la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial.
El análisis, denominado How Big Is the AI Waste Wave?, estima que entre 395 y 617 millones de toneladas de equipos electrónicos asociados a la inteligencia artificial podrían retirarse entre 2025 y 2050. BAN señala que se trata del primer análisis que contempla el conjunto de la infraestructura electrónica vinculada a los centros de datos de inteligencia artificial.
Más allá de servidores y equipos de computación
Según BAN, las estimaciones anteriores se habían centrado principalmente en servidores y unidades de procesamiento gráfico. Su modelo incorpora además otros elementos necesarios para el funcionamiento de los centros de datos.
El análisis incluye equipos de redes, distribución eléctrica, almacenamiento de datos, sistemas de respaldo y sistemas de refrigeración, además de servidores y equipos informáticos. BAN estima que servidores, aceleradores y racks representan aproximadamente el 13 % de la infraestructura electromecánica de un centro de datos en términos de masa, mientras que el 87 % restante corresponde a las demás categorías incorporadas en su modelo.
Esta ampliación del alcance explica, según la organización, buena parte de la diferencia respecto a estimaciones anteriores.
Hasta 13,1 millones de toneladas al año en 2030
El modelo de BAN proyecta que entre 8,6 y 13,1 millones de toneladas de equipos electrónicos vinculados a la inteligencia artificial podrían retirarse cada año en 2030. Para 2050, la estimación anual aumentaría hasta entre 31 y 46 millones de toneladas.
En el conjunto del periodo 2025-2050, el volumen acumulado de equipos retirados se situaría entre los 395 y los 617 millones de toneladas. BAN calcula que esta cantidad equivaldría a entre 15 y 23 millones de contenedores marítimos de 40 pies.
La organización señala que estas cifras proceden de un modelo elaborado a partir de la capacidad instalada de los centros de datos, el crecimiento previsto por la industria, los equipos necesarios por gigavatio y los ciclos de sustitución de las diferentes categorías de equipos. El análisis contempla escenarios conservador y agresivo hasta 2050.
El efecto de la sustitución de otros equipos electrónicos
BAN incorpora también lo que denomina “AI Waste Contagion”, referido a la retirada de equipos situados fuera de los centros de datos a medida que la expansión de la inteligencia artificial acelere la sustitución de ordenadores personales, teléfonos, dispositivos periféricos y redes de telecomunicaciones.
Según su estimación, este flujo adicional podría alcanzar entre 16,2 y 30,7 millones de toneladas de equipos retirados anualmente en 2050. BAN proyecta que, en ambos escenarios, este volumen procedente del exterior de los centros de datos terminaría superando al generado dentro de estas instalaciones.
Un reto para la gestión de los residuos electrónicos
El análisis también sitúa estas proyecciones en el contexto de la gestión actual de los residuos electrónicos. BAN señala que actualmente solo una quinta parte de los residuos electrónicos se gestiona de forma responsable, según el Global E-waste Monitor, y advierte de que un aumento de los residuos asociados a la inteligencia artificial podría ejercer una presión adicional sobre los sistemas existentes.
La organización plantea que la planificación de la gestión de estos residuos debe comenzar antes de que se produzcan. La primera parte de la serie se centra en dimensionar el posible flujo de residuos; las siguientes analizarán, según BAN, las posibilidades de reutilización, reacondicionamiento y reutilización con otros fines, la toxicidad de este flujo emergente y las respuestas políticas necesarias para su gestión.
BAN subraya así que el crecimiento de la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial no solo implica nuevas necesidades de electricidad, agua o capacidad informática, sino también un volumen creciente de equipos que deberán gestionarse al final de su vida útil.







