“Los residuos han dejado de ser un problema para convertirse en un recurso estratégico”. Miguel Varela, experto en residuos
Más allá de la regulación, ¿qué factores están acelerando la digitalización del sector residuos en Europa?
Creo que estamos viviendo un cambio de paradigma respecto a la década anterior. Europa es un continente profundamente deficitario en materias primas y, en ese contexto, los residuos dejan de verse únicamente como un problema ambiental para convertirse en una fuente de recursos capaz de aumentar nuestra competitividad.
Lo que estamos viendo es que el discurso de la sostenibilidad, de la gestión de residuos o incluso de la economía circular se está aterrizando. Antes hablábamos mucho de grandes aspiraciones, Objetivos de Desarrollo Sostenible, descarbonización en el 2050, etc. Ahora el enfoque es mucho más práctico y tangible. La idea es sencilla: los residuos son recursos y, si sabemos gestionarlos bien, nos ayudan a reducir la dependencia de terceros y a reforzar la competitividad de Europa.
A nivel empresarial ocurre exactamente lo mismo. Gestionar correctamente esos recursos residuales impacta directamente en la cuenta de resultados de las compañías. Y ahí la digitalización juega un papel evidente como palanca de eficiencia. Cualquier empresa que digitaliza procesos bien definidos acaba siendo más eficiente.
En el sector residuos, especialmente en la parte final de la cadena (gestores, transportistas, plataformas logísticas, valorizadores…) la digitalización ya no es una opción. Todos necesitan herramientas para controlar su actividad. Pero donde vemos un potencial enorme es en el inicio de la cadena: las empresas productoras de residuos.
Muchas compañías, incluso grandes corporaciones, todavía gestionan esta información de manera muy manual, con procesos poco homogéneos y, en algunos casos, sin saber exactamente cómo se trabaja entre distintas unidades de negocio o países. La digitalización permite unificar criterios, consolidar información, mejorar el cumplimiento normativo y desarrollar procedimientos comunes.
Y, sobre todo, permite transformar el residuo en un recurso real para la empresa: reducir costes, aumentar ingresos mediante una mejor valorización y avanzar en medidas de economía circular con una visión mucho más práctica y ligada al negocio.
¿Qué aprendizajes pueden extraerse de los países que ya cuentan con sistemas digitales obligatorios?
La implantación de sistemas digitales obligatorios siempre genera fricción al principio, tanto a nivel nacional como regional. Pero la realidad es que esos mismos sistemas terminan mejorando la eficiencia del sector.
¿Por qué? Porque cuando la administración obliga a digitalizar determinados procesos, las empresas también se ven empujadas a hacerlo. Y si asumimos que digitalizar significa ser más eficiente, reducir costes y mejorar rentabilidad, ese “palo y zanahoria” acaba teniendo efectos positivos.
Nosotros operamos en distintos países europeos y, sinceramente, creemos que España tiene hoy un nivel de modernización tecnológica del sector residuos ligeramente superior al de otros países tradicionalmente más industrializados. Y buena parte de eso viene precisamente de las exigencias de trazabilidad y digitalización.
Además, las empresas que hacen bien las cosas suelen ver con buenos ojos que la administración exija más. Hay muchos movimientos de residuos que todavía escapan al control formal y eso genera competencia desleal y pérdidas económicas para quienes sí cumplen las normas.
Por eso, los operadores más profesionalizados suelen pedir más control y más trazabilidad. De hecho, probablemente veremos cómo muchas obligaciones que se aplican actualmente a los residuos peligrosos acabarán extendiéndose también a los residuos no peligrosos.
Al principio habrá resistencia, como siempre ocurre con cualquier cambio regulatorio importante, pero a medio plazo eso mejorará la competitividad del sector, impulsará la digitalización y reducirá enormes bolsas de economía sumergida asociadas a la gestión irregular de residuos.
¿Cómo imaginas el sector dentro de una década en términos de digitalización e integración?
Dentro de diez años, la cadena de valor del residuo (productores, transportistas, gestores y valorizadores) tendrá que ser considerada un sector estratégico en Europa. Quizás ya lo sea, pero todavía no se le da la relevancia que merece.
Estamos hablando de recursos. Los residuos, que históricamente se han tratado como basura, son en realidad una fuente de riqueza y de competitividad económica. Europa necesita recursos para no quedarse atrás en la carrera industrial y tecnológica, y una parte importante de esos recursos ya los tiene dentro de sus propias fronteras en forma de residuos.
Por eso creo que veremos una visión mucho más integrada del sector, entendida como una gran cadena de valor en la que las empresas generadoras de residuos tendrán un papel tan importante como los propios gestores o recicladores.
En paralelo, la digitalización seguirá acelerándose. Las administraciones ampliarán las obligaciones de trazabilidad y comunicación, también para residuos no peligrosos, como mencionaba, y eso obligará a todos los actores de la cadena a elevar su nivel tecnológico.
El resultado será un sector mucho más eficiente, con mejores controles ambientales y también con mejores resultados económicos para las empresas.
Y, por supuesto, la inteligencia artificial va a tener un papel enorme. Ya estamos viendo aplicaciones muy interesantes: sistemas de visión artificial capaces de identificar residuos en plantas de tratamiento para mejorar la clasificación, herramientas que ayudan a diseñar procesos industriales o soluciones que automatizan la lectura y validación de documentación de transporte.
En el caso de TEIMAS, por ejemplo, estamos trabajando precisamente en esa línea: automatizar el procesamiento documental para extraer información de forma inmediata, integrarla en los sistemas de los clientes y verificar automáticamente que toda la documentación sea correcta.
Al final, todo converge en la misma idea: más digitalización significa más eficiencia, más control ambiental y también más competitividad económica.







