Científicos estudian el estado de los residuos radiactivos vertidos en el Atlántico a 4.700 metros de profundidad
A unos 1.000 kilómetros de las costas francesas, un equipo científico francés está estudiando uno de los antiguos emplazamientos utilizados para el vertido de residuos radiactivos en el océano Atlántico.
La misión Nodssum, dirigida por el geólogo marino Javier Escartín, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), pretende localizar y estudiar parte de los aproximadamente 200.000 bidones que fueron depositados en el mar durante el siglo XX.
La primera fase de la investigación permitió cartografiar la localización exacta de unos 3.600 bidones. La segunda, desarrollada durante los últimos meses, ha llevado a los científicos hasta ellos mediante un submarino de la flota oceanográfica francesa, a profundidades próximas a los 4.700 metros.
Observar directamente los bidones
Las inmersiones han permitido comprobar directamente el estado de conservación de los recipientes que anteriormente habían sido identificados mediante imágenes de sonar.
Las observaciones muestran un grado de degradación muy variable. Algunos bidones mantienen su estructura exterior, aunque presentan una oxidación generalizada, mientras que otros están completamente destruidos y abiertos.
En estos últimos casos, el contenido de los recipientes se encuentra directamente sobre el fondo marino.
Las imágenes obtenidas durante la misión permiten estudiar por primera vez con mayor detalle la evolución de estos residuos después de varias décadas en condiciones de aguas profundas.
Sedimentos, agua y organismos marinos
La investigación no se limita a analizar el estado físico de los bidones. Durante las inmersiones se han recogido muestras de sedimentos, agua y fauna, además de estudiar el ecosistema que se ha desarrollado sobre los propios recipientes.
Uno de los aspectos que más ha sorprendido a los investigadores es precisamente la presencia de vida marina sobre los bidones. Su superficie funciona como un sustrato sobre el que pueden crecer esponjas, corales y anémonas.
El estudio permite así observar simultáneamente la degradación de los recipientes y la evolución del ecosistema que se ha establecido sobre ellos.
Residuos de baja y media radiactividad
Según explica Javier Escartín a RFI, los residuos vertidos correspondían, de acuerdo con las declaraciones disponibles, a materiales de baja y media radiactividad procedentes de laboratorios vinculados a la industria nuclear.
El científico precisa que no se trata de uranio utilizado en los reactores. Entre los materiales podrían encontrarse elementos como guantes y otros residuos de laboratorio.
Aunque existe contaminación del medio ambiente, Escartín señala que los niveles absolutos de radiactividad serían relativamente bajos. Los trabajos de muestreo se realizaron además aplicando medidas de precaución para proteger al personal científico.
Medir cómo se comporta la radiactividad en el océano
Uno de los objetivos de la misión es obtener información sobre la difusión de la radiactividad en un medio acuático a partir del estudio de los residuos y de su entorno.
Los datos obtenidos podrían tener aplicaciones más allá de este emplazamiento. Según el investigador citado por RFI, el conocimiento generado podría utilizarse para evaluar la peligrosidad asociada a submarinos nucleares hundidos y contribuir al análisis de los riesgos vinculados a futuras actividades de minería en fondos oceánicos.
En particular, los científicos señalan el interés de estos datos ante los proyectos de extracción de nódulos polimetálicos, que pueden presentar radiactividad y cuya explotación plantea interrogantes tanto ambientales como de seguridad.
La misión Nodssum permite así estudiar directamente un legado de la gestión de residuos radiactivos del siglo XX y, al mismo tiempo, obtener información sobre el comportamiento de la radiactividad en ecosistemas marinos profundos.






