Economía circular: el reto pasa de la estrategia a la implementación sistémica
La transición hacia modelos de economía circular atraviesa una fase decisiva marcada por la necesidad de transformar compromisos estratégicos en resultados operativos medibles. Así lo expuso Fundación Ellen MacArthur durante el encuentro Future4 Circularity 2026, celebrado en Madrid, donde se analizaron los principales avances, barreras y condiciones necesarias para acelerar la circularidad a escala global.
Durante la sesión, Constance Granier, responsable del programa para el Compromiso Global de la fundación, destacó que la economía circular ha dejado de ser un enfoque “de nicho” para consolidarse como una prioridad integrada en estrategias empresariales, políticas públicas y marcos regulatorios internacionales.
No obstante, señaló que el principal desafío actual reside en trasladar esa alineación conceptual hacia procesos de implementación efectiva y transformación estructural de los modelos productivos.
De la integración conceptual al despliegue operativo
Según explicó Granier, el avance de la economía circular durante la última década ha permitido generar consenso global en torno a la necesidad de abandonar el modelo lineal de producción y consumo.
Sin embargo, el paso desde la planificación estratégica hacia la ejecución práctica está evidenciando limitaciones técnicas, económicas y regulatorias que dificultan la escalabilidad de las soluciones circulares.
Entre los principales riesgos identificados destaca la fragmentación del concepto de circularidad, que puede derivar en enfoques parciales centrados únicamente en acciones aisladas —como reciclaje o sustitución de materiales— sin abordar la transformación sistémica necesaria en diseño, consumo, logística e infraestructura.
Datos, trazabilidad y ambición empresarial
Uno de los ejes centrales del análisis fue el papel de la medición y la transparencia como elementos clave para acelerar la circularidad.
A partir de la experiencia acumulada en el Compromiso Global por los Plásticos, impulsado en 2018, la fundación ha identificado diferencias significativas entre organizaciones con objetivos ambiciosos y aquellas sin estrategias definidas.
Según los datos presentados:
- Las empresas adheridas al compromiso han logrado reducir el uso de plástico virgen.
- El mercado global, en contraste, mantiene una tendencia creciente en consumo de plástico convencional.
- La disponibilidad de datos operativos y trazabilidad facilita la identificación de oportunidades de reducción, rediseño y optimización de materiales.
Granier subrayó que la circularidad requiere sistemas robustos de información capaces de monitorizar cadenas de suministro, flujos materiales y desempeño ambiental de productos y procesos.
Infraestructura y reutilización: principales barreras estructurales
El análisis identificó tres grandes cuellos de botella que continúan limitando el despliegue de modelos circulares, especialmente en el ámbito de los envases plásticos:
- Escasa escalabilidad de los sistemas de reutilización.
- Limitaciones técnicas y económicas para el reciclaje de envases flexibles.
- Insuficiencia de infraestructuras de recogida, clasificación y valorización.
En relación con la reutilización, se señaló que gran parte de las iniciativas continúan en fase piloto debido a la falta de infraestructuras compartidas, inversión industrial y marcos regulatorios que favorezcan su implantación masiva.
Asimismo, los envases flexibles continúan representando uno de los flujos más complejos desde el punto de vista técnico y económico, especialmente en regiones donde la infraestructura de reciclaje avanzada sigue siendo limitada.
Cambio sistémico y gobernanza colaborativa
La Fundación Ellen MacArthur insistió en que los avances logrados mediante actuaciones individuales ya no son suficientes para afrontar los retos estructurales pendientes.
El siguiente nivel de transformación requiere:
- Coordinación entre empresas y administraciones públicas.
- Desarrollo de incentivos regulatorios.
- Estandarización de soluciones circulares.
- Inversión en infraestructura y logística inversa.
- Integración de criterios de circularidad en políticas industriales y de consumo.
En este contexto, Granier defendió la creación de un “círculo de ambición” entre sector privado y responsables públicos, donde la acción empresarial permita demostrar viabilidad técnica y económica, facilitando posteriormente el desarrollo de marcos normativos más exigentes y homogéneos.
Circularidad y competitividad industrial
El encuentro también puso de relieve que la consolidación de la economía circular dependerá de su capacidad para ofrecer soluciones competitivas desde el punto de vista operativo y económico.
Según se expuso, las alternativas circulares no podrán escalar únicamente por criterios ambientales, sino que deberán integrarse en el mercado mediante propuestas que combinen:
- Viabilidad económica.
- Eficiencia operativa.
- Conveniencia para el consumidor.
- Reducción del impacto ambiental.
La conclusión general del debate apunta a que la economía circular ha alcanzado una etapa de madurez conceptual, pero enfrenta ahora el reto crítico de traducir los compromisos y pilotos existentes en transformaciones sistémicas capaces de redefinir los modelos de producción y gestión de recursos a escala global.







