El modelo sueco de residuos: importaciones, reciclaje y 19,5 TWh de recuperación energética
Suecia importó 3,86 millones de toneladas de residuos en 2024, según los datos de la Agencia Sueca de Protección Ambiental.
Estos flujos se integran en un sistema nacional de gestión que combina el reciclaje de materiales con distintas opciones de tratamiento y recuperación energética.
La importación de residuos está vinculada, entre otros factores, a la capacidad disponible en las instalaciones suecas y a las diferencias existentes entre los sistemas de gestión de residuos de los países europeos.
19,5 TWh recuperados de los residuos
En 2023, las plantas suecas de recuperación energética trataron aproximadamente 6,6 millones de toneladas de residuos, obteniendo 19,5 TWh de energía.
De esta cantidad, 17,3 TWh correspondieron a calor destinado principalmente a redes de calefacción, mientras que otros 2,2 TWh se obtuvieron como electricidad.
La recuperación energética permite así aprovechar la fracción de residuos que no se destina a reciclaje material, reduciendo al mismo tiempo la cantidad de residuos que requiere eliminación mediante vertedero.
Un flujo de residuos que atraviesa fronteras
La entrada de residuos procedentes de otros países no es un fenómeno reciente en Suecia. La disponibilidad de instalaciones de recuperación energética y las restricciones al vertido existentes en diferentes países europeos han favorecido durante años estos movimientos transfronterizos.
El sistema permite que residuos que no cuentan con capacidad suficiente de tratamiento en su país de origen sean gestionados en instalaciones suecas con recuperación energética.
No obstante, el tratamiento mediante incineración no equivale a reciclaje. La jerarquía de residuos mantiene la prevención, reutilización y reciclaje material por delante de la valorización energética.
La composición del residuo condiciona el balance ambiental
La recuperación energética también presenta impactos que deben considerarse. La incineración genera emisiones atmosféricas y residuos secundarios, como escorias y cenizas, que requieren tratamientos posteriores.
Además, la presencia de plásticos de origen fósil en los residuos constituye una fuente de emisiones de gases de efecto invernadero durante la combustión.
Por ello, la experiencia sueca no se basa únicamente en la valorización energética, sino en la combinación de diferentes vías de tratamiento según las características de cada flujo de residuos.
Un modelo basado en capacidad de tratamiento
El caso sueco muestra cómo la disponibilidad de infraestructura puede generar flujos internacionales de residuos destinados a tratamiento. Su elevada capacidad de recuperación energética permite aprovechar residuos no reciclables para producir calor y electricidad, mientras que otros materiales siguen rutas de reciclaje.
La experiencia también evidencia que la valorización energética debe analizarse dentro del conjunto del sistema de gestión y no como sustituto del reciclaje material.






