Los plásticos ponen en riesgo el potencial climático de la valorización de biorresiduos
Reciclar los residuos alimentarios reduce los impactos ambientales
La gestión de los residuos alimentarios mediante compostaje y digestión anaerobia puede reducir de forma significativa los impactos ambientales asociados a su eliminación en vertedero.
El estudio publicado en Nature Food analiza diferentes escenarios de gestión de residuos alimentarios en Estados Unidos y estima que una implantación generalizada de sistemas de reciclaje de biorresiduos podría reducir entre un 89 % y un 99 % el impacto climático asociado a su gestión frente a un sistema dominado por el vertido.
Los beneficios también se extienden a la contaminación por nutrientes. El reciclaje de los residuos alimentarios podría reducir entre un 49 % y un 54 % la carga de nitrógeno y entre un 78 % y un 98 % la de fósforo.
Estos resultados refuerzan el papel del tratamiento biológico como vía de valorización de la materia orgánica y como alternativa al depósito de los residuos alimentarios en vertedero.
El problema aparece con los plásticos presentes en el biorresiduo
La investigación introduce, sin embargo, una consideración clave: la calidad del residuo orgánico que entra en las plantas de tratamiento.
Los residuos alimentarios pueden contener materiales plásticos procedentes de envases, bolsas, films y otros productos utilizados durante su recogida, transporte y consumo.
Cuando estos materiales no se eliminan completamente durante el tratamiento, pueden terminar incorporándose al compost o a los digestatos destinados a usos agrícolas.
El problema cambia así de escala: un sistema diseñado para recuperar materia orgánica y nutrientes puede convertirse, si la calidad de entrada no está suficientemente controlada, en una vía de transferencia de contaminantes al suelo.
Hasta 20.000 toneladas de plástico podrían llegar al suelo agrícola
El estudio estima que, sin modificaciones en el diseño de los envases y manteniendo los niveles actuales de contaminación, la expansión del reciclaje de residuos alimentarios podría provocar la entrada de aproximadamente 20.000 toneladas de plástico al suelo agrícola cada año en Estados Unidos a través de compost y digestatos.
La cifra pone de manifiesto que aumentar las tasas de reciclaje no es suficiente. También es necesario garantizar la calidad de los materiales que se valorizan.
La presencia de plásticos introduce además una cuestión relacionada con los microplásticos, ya que la fragmentación de estos materiales durante los procesos de tratamiento puede generar partículas de menor tamaño que resultan más difíciles de separar.
La calidad del biorresiduo condiciona la valorización
El estudio evidencia la importancia de reducir los denominados impropios en la fracción orgánica.
Una estrategia eficaz requiere actuar en diferentes etapas de la cadena:
1. Prevención y ecodiseño
Reducir el uso de materiales que puedan contaminar los residuos orgánicos.
2. Separación en origen
Evitar que los envases y otros materiales no biodegradables entren en la fracción orgánica.
3. Recogida selectiva
Mantener la calidad del biorresiduo durante su almacenamiento y transporte.
4. Pretratamiento
Separar los materiales impropios antes del compostaje o la digestión anaerobia.
5. Control del producto final
Verificar la calidad del compost y los digestatos antes de su aplicación al suelo.
Este enfoque permite entender el reciclaje de biorresiduos como un sistema completo en el que la calidad de entrada determina en gran medida la calidad del recurso recuperado.
Compost y digestatos: valorización con requisitos de calidad
El compostaje y la digestión anaerobia permiten transformar los residuos alimentarios en productos con potencial de aprovechamiento.
En el compostaje, la materia orgánica se estabiliza mediante procesos biológicos aerobios y se obtiene compost. En la digestión anaerobia, la materia orgánica genera biogás y un material residual denominado digestato, que puede someterse a tratamientos posteriores y, en determinadas condiciones, destinarse a usos agronómicos.
Ambas vías contribuyen a recuperar materia orgánica y nutrientes, pero su aplicación sobre el suelo requiere controlar la presencia de contaminantes.
Por ello, la valorización agrícola no debería evaluarse únicamente por la cantidad de residuo desviada del vertedero, sino también por la calidad y seguridad ambiental del material recuperado.
El reto: cerrar el ciclo sin trasladar la contaminación
La investigación plantea una cuestión fundamental para la economía circular: recuperar un residuo no significa necesariamente eliminar todos sus impactos.
El compost y los digestatos permiten devolver materia orgánica y nutrientes al suelo, pero si contienen contaminantes persistentes, el proceso puede trasladar parte del problema desde la gestión de residuos hacia el medio receptor.
En este contexto, reducir la contaminación plástica de los biorresiduos requiere actuar antes de que el material llegue a la planta, mediante una combinación de prevención, ecodiseño, separación en origen y mejora de los sistemas de recogida y tratamiento.
Proyección
El desarrollo de la recogida separada y el reciclaje de biorresiduos constituye una de las vías para reducir el impacto climático de la gestión de los residuos alimentarios. Sin embargo, el estudio muestra que la cantidad reciclada debe ir acompañada de criterios estrictos de calidad.
El desafío para el sector no consiste únicamente en desviar más materia orgánica del vertedero, sino en conseguir que el material recuperado pueda reincorporarse al ciclo biológico sin introducir nuevos contaminantes.
La calidad del biorresiduo es, por tanto, una condición esencial para que su valorización cierre realmente el ciclo de los nutrientes y de la materia orgánica.






