Reciclar los residuos fotovoltaicos podría evitar hasta 3.320 millones de toneladas de CO₂ equivalente hasta 2060
La expansión mundial de la energía fotovoltaica traerá consigo un volumen creciente de residuos de módulos al final de su vida útil. Un estudio publicado en Nature estima que, teniendo en cuenta las restricciones de suministro de materiales, los residuos fotovoltaicos acumulados podrían situarse entre 297 y 402 millones de toneladas en 2060.
La investigación, realizada por Chen Wang, Jian Zuo, Xinyu Chen y colaboradores, desarrolla un marco para comparar distintas estrategias de gestión, considerando tanto las tecnologías de reciclaje como las diferencias económicas, tecnológicas y de capacidad existentes entre regiones.
Una generación de residuos que cambiará de geografía
El volumen de residuos fotovoltaicos crecerá especialmente a partir de 2030. El estudio estima que los módulos retirados pasarán de unas 0,02 millones de toneladas anuales en 2020 a más de 19 millones de toneladas en 2060.
La distribución geográfica también experimentará cambios. Entre 2020 y 2040, las regiones de ingresos altos concentrarán más del 50 % de los residuos fotovoltaicos mundiales, con la UE-15 como principal contribuyente dentro de este grupo.
A partir de 2040, el protagonismo se desplazará hacia las regiones de ingresos medios. Para 2060, China podría generar entre 112,8 y 160,5 millones de toneladas, equivalentes al 36,2–39,9 % del total mundial. La UE-15 se situaría entre 30,9 y 39,7 millones de toneladas.
Reciclar no significa todavía que sea rentable
Uno de los principales matices del estudio es que el crecimiento de los residuos no implica que el reciclaje fotovoltaico sea económicamente viable de forma inmediata.
Los autores estiman que el reciclaje se volvería económicamente viable en todos los escenarios entre 2035 y 2040, impulsado por el aumento del valor de materiales recuperados como plata, aluminio y silicio y por la reducción de costes asociada al aprendizaje tecnológico.
En 2020, los beneficios económicos netos por tonelada reciclada se situaban entre 131,8 y 304,3 dólares, mientras que los costes de reciclaje podían alcanzar entre 342 y 2.550 dólares por tonelada. Para 2040, los investigadores proyectan beneficios de hasta 457,1 dólares por tonelada y una reducción de los costes hasta un intervalo de 55,9–402,7 dólares por tonelada.
La tecnología condiciona los resultados
El modelo compara diferentes vías de reciclaje, entre ellas procesos mecánicos, térmicos y químicos, y analiza distintos criterios de priorización.
Los escenarios que priorizan los beneficios económicos o climáticos otorgan un mayor peso al reciclaje térmico, que presenta mayores beneficios por unidad en el modelo estudiado. Para 2060, esta tecnología podría representar entre el 44,0 % y el 51,6 % de la capacidad mundial de reciclaje en estos escenarios, frente al 10,1 % del escenario de referencia.
Bajo el escenario de prioridad climática, los autores estiman 670.800 millones de dólares de beneficios económicos acumulados y 2.440 millones de toneladas de CO₂ equivalente de beneficios climáticos para 2060, más de un 60 % por encima del escenario de referencia.
Más reciclaje, pero también más desigualdad
El estudio introduce una cuestión especialmente relevante: dónde se reciclan los residuos también determina quién obtiene los beneficios.
El traslado de residuos hacia regiones con tecnologías más avanzadas y menores costes puede aumentar los beneficios globales gracias a las economías de escala y al aprendizaje tecnológico. Sin embargo, también puede concentrar el valor económico y climático en determinadas regiones de ingresos medios y altos.
En los escenarios que combinan la gestión orientada a la responsabilidad ampliada del productor con la prioridad climática, los beneficios acumulados podrían alcanzar entre 529.100 y 935.500 millones de dólares, mientras que las emisiones evitadas se situarían entre 2.200 y 3.320 millones de toneladas de CO₂ equivalente.
Subvenciones decrecientes para equilibrar el sistema
Para reducir estas desigualdades, los investigadores analizan distintos mecanismos de apoyo económico. Entre ellos, las subvenciones decrecientes presentan, según el modelo, una relación especialmente favorable entre coste y resultados.
Este mecanismo permitiría apoyar el desarrollo inicial de las capacidades de reciclaje y retirar progresivamente las ayudas a medida que la actividad alcanza la rentabilidad. El estudio estima que este sistema podría mejorar la igualdad entre regiones entre un 5,8 % y un 8,1 %, con un gasto acumulado muy inferior al de mantener subvenciones permanentes.
El trabajo concluye que no existe una única estrategia óptima para todas las regiones. La combinación de tecnologías adaptadas a las condiciones locales, cooperación internacional, transferencia tecnológica y financiación específica aparece como una vía para ampliar la capacidad mundial de reciclaje de módulos fotovoltaicos sin concentrar sus beneficios en unas pocas economías.






