Bélgica ensaya marcas de agua digitales para clasificar envases flexibles destinados a reciclaje alimentario
Una nueva vía para clasificar los envases flexibles
Bélgica ha puesto en marcha un ensayo a escala nacional para comprobar el funcionamiento de las marcas de agua digitales en la clasificación de envases flexibles posconsumo. La iniciativa, coordinada por Fost Plus dentro de HolyGrail 2030, pretende resolver una de las dificultades actuales para el reciclaje de estos materiales: distinguir en las plantas de clasificación los envases que han estado en contacto con alimentos de aquellos destinados a otros usos.
La tecnología consiste en incorporar durante la impresión del envase un código digital imperceptible para el consumidor, distribuido por toda su superficie. Cuando el residuo llega a una planta de clasificación, cámaras especializadas pueden detectar y descodificar esta información para identificar características como el tipo de material y el uso que tuvo el envase.
Del residuo mezclado a fracciones específicas
El ensayo se centra en envases flexibles de uso alimentario, como bolsas de aperitivos, envoltorios de galletas y otros formatos similares, recogidos junto con los demás envases domésticos en Bélgica.
La información contenida en las marcas permite que los equipos de clasificación diferencien los envases flexibles alimentarios de los no alimentarios y los dirijan a corrientes específicas. El objetivo es obtener una fracción más homogénea que pueda someterse posteriormente a procesos de reciclaje orientados a aplicaciones alimentarias.
Esta diferenciación resulta especialmente relevante porque los sistemas convencionales de clasificación pueden identificar determinados tipos de polímeros, pero tienen dificultades para determinar si un envase flexible ha estado previamente en contacto con alimentos. Esta información es necesaria para controlar la calidad y la seguridad del material reciclado destinado a nuevas aplicaciones alimentarias.
Tecnología probada en condiciones reales
El ensayo supone un paso adicional respecto a las pruebas industriales realizadas anteriormente con marcas de agua digitales. HolyGrail 2.0 ya había validado la tecnología para la clasificación avanzada de envases flexibles, con ensayos realizados sobre corrientes reales de residuos y combinando la lectura de las marcas con sistemas de infrarrojo cercano. En esas pruebas se obtuvieron eficiencias de detección superiores al 95 % en determinadas condiciones y se demostró la posibilidad de generar fracciones diferenciadas de polipropileno para uso alimentario y polietileno destinado a aplicaciones de higiene.
La nueva fase, HolyGrail 2030, busca avanzar desde la demostración técnica hacia la viabilidad económica y la aplicación a mayor escala, con el objetivo de producir reciclados de mayor calidad que puedan volver a utilizarse en aplicaciones de envases.
Hacia un circuito cerrado para los envases flexibles
Uno de los principales retos del proyecto es comprobar si esta tecnología puede integrarse eficazmente en los sistemas de recogida y clasificación existentes y contribuir a crear una materia prima secundaria adecuada para nuevos envases alimentarios.
La iniciativa reúne a fabricantes de productos, empresas de envases, proveedores tecnológicos, operadores de clasificación y otros agentes de la cadena de valor. Entre las empresas participantes en el ensayo figuran Mondelēz International, PepsiCo y pladis, junto con Fost Plus, AIM – European Brands Association y CEFLEX.
El proyecto pretende así abordar uno de los puntos críticos de la circularidad de los envases flexibles: no solo recoger y clasificar el material, sino generar corrientes suficientemente diferenciadas y de calidad para que el plástico recuperado pueda reincorporarse a nuevas aplicaciones de alto valor.






