Los residuos agrícolas pueden impulsar el biometano europeo, pero su aprovechamiento depende de la sostenibilidad
Los residuos agrícolas pueden contribuir a aumentar la producción europea de biometano y aprovechar materiales generados por la actividad ganadera y los cultivos. Su valorización mediante digestión anaerobia permite obtener biogás, que posteriormente puede depurarse para producir un gas renovable compatible con distintos usos del gas natural.
No obstante, disponer de biomasa no significa que toda ella pueda destinarse a la producción energética. La disponibilidad efectiva depende de factores económicos, logísticos y ambientales, entre ellos la función que desempeñan los restos vegetales en el suelo y sus posibles aplicaciones alternativas.
El estiércol y los restos de cosecha como materias primas
El estiércol de vacuno, porcino y otras cabañas ganaderas constituye una materia prima potencial para la digestión anaerobia. Su tratamiento controlado permite recuperar energía y capturar parte del metano que podría liberarse durante una gestión convencional, aunque el beneficio climático depende de las condiciones de partida y del control de las emisiones.
Su elevado contenido de humedad y volumen, sin embargo, encarece el transporte y puede dificultar la rentabilidad de las instalaciones individuales. En explotaciones pequeñas, las plantas compartidas por varias granjas podrían facilitar el suministro de materia prima y repartir los costes de inversión y operación.
La paja, las cáscaras de cereales, las mazorcas de maíz y otros subproductos vegetales representan otra fuente de biomasa. Su utilización puede aportar valor a materiales generados durante la producción agrícola, pero parte de estos restos ya se emplea como alimento o cama para el ganado, o contribuye a mantener la calidad del suelo.
La disponibilidad de biomasa tiene límites ambientales
Retirar demasiados residuos vegetales del campo puede reducir la materia orgánica del suelo y perjudicar su estructura, la retención de agua y la protección frente a la erosión. Por ello, la cantidad aprovechable debe determinarse según el tipo de suelo, el clima, los cultivos y las prácticas agrarias.
También deben evaluarse los cultivos de cobertura y los cultivos sucesivos que pueden incorporarse a determinados sistemas de producción. Su contribución al biometano depende de cómo se integren en las rotaciones y de sus posibles efectos sobre el uso del agua, la biodiversidad y la salud del suelo.
El objetivo, por tanto, no es movilizar toda la biomasa disponible, sino identificar qué fracción puede destinarse a la producción energética sin comprometer otras funciones agrícolas o ambientales.
Del biogás al biometano: un proceso con requisitos adicionales
La digestión anaerobia descompone la materia orgánica en ausencia de oxígeno y genera biogás y digestato. Para obtener biometano, el biogás debe someterse a un proceso de depuración que elimine gran parte del dióxido de carbono y otras impurezas hasta alcanzar las especificaciones requeridas.
La inyección en la red gasista también depende de la disponibilidad de instalaciones de tratamiento y conexión. Por ello, aumentar la producción de biogás no se traduce automáticamente en un incremento equivalente del biometano disponible para su distribución.
El digestato puede conservar nutrientes y utilizarse como fertilizante orgánico si su composición y gestión cumplen los requisitos aplicables. Su aprovechamiento permite recuperar parte de los nutrientes, aunque es necesario controlar su almacenamiento, transporte y aplicación para evitar impactos ambientales.
Costes y colaboración entre explotaciones
La viabilidad de los proyectos depende de la disponibilidad estable de materias primas, la inversión necesaria, los costes de tratamiento y la posibilidad de vender el gas producido. La distancia entre las explotaciones y las instalaciones resulta especialmente importante en el caso del estiércol, cuyo transporte puede reducir la rentabilidad.
Los modelos cooperativos y las plantas centralizadas abastecidas por varias granjas pueden facilitar el aprovechamiento de recursos dispersos. No obstante, su viabilidad dependerá de las condiciones locales, la infraestructura gasista y la existencia de una demanda suficiente.
Una oportunidad condicionada por la sostenibilidad
La Unión Europea mantiene el objetivo de alcanzar una producción anual de 35.000 millones de metros cúbicos de biometano en 2030, en el marco del plan REPowerEU. Según las cifras recogidas en el artículo de Innovation News Network, la producción europea se situó en torno a 3.930 millones de metros cúbicos en 2024.
Los residuos agrícolas pueden contribuir a reducir esa distancia, pero su potencial debe evaluarse teniendo en cuenta la disponibilidad realmente sostenible, las emisiones de toda la cadena y la protección de los suelos. El desarrollo del sector dependerá tanto de la capacidad tecnológica como de organizar cadenas de suministro viables y aprovechar los subproductos sin generar nuevos impactos ambientales.







